Hola…”- Un hombre, con peculiares y sospechosas maneras, accedía, disimulando, a un pequeño cuarto situado en el entresuelo de un gran rascacielos de oficinas.
-”Adelante”- Una potente y grave voz desafió la penumbra desde uno de los extremos de aquel zulo.
El individuo, vistiendo una gran gabardina y un voluptuoso sombrero, oteaba sus espaldas cerrando la puerta tras de si.
-”No te habrán seguido, ¿verdad?”- Se esbozó un tono de severidad y preocupación en la voz.
Un chirrido de lo que pareció ser el girar de una silla.
-”No. Estoy seguro”- Contestó con nerviosismo.
-”Bien. Supongo que comprenderás lo esencial del secretismo en nuestra empresa…”- Se esbozaban entre la oscuridad dos grandes manos, que jugaban con un desgastado bolígrafo.
-”Claro.”
-”Bien; vayamos al grano. Sabes en que consinten nuestros servicios, y aceptas todas las condiciones y partes del mismo. ¿Es así?. No habrá marcha atrás…”- Aquellas cuerdas vocales destensadas con profundos tonos desgarrados jugueteaban con el miedo del cliente.
-”Sí. Estoy desesperado, necesito ayuda y la necesito ya”- Aquel hombre, nervioso, atropellaba la frase con las palabras, gesticulando de forma desproporcionada.
-”Adelante entonces. Recordarle que no nos hacemos responsables del posible fracaso del servicio prestado. Y que usted nunca ha estado aquí.”- Los ojos comenzaban a acostumbrarse al lúgubre ambiente.
-”De acuerdo”- Sudaba.
-”¿De cuanto estamos hablando?- Preguntaba con dotes detectivescas
-”Tres días”
-”¿Trabajo?”
-”Famila”
-”¿Suegra?”
-”Dos cuñadas”
-”Celebración?”
-”Comunión de pariente desconocido”
-”¿En la ciudad?”
-”Viaje al pueblo”
-”…. Pinta muy feo…”- Las manos desaparecieron; jugueteando mientras se escondían de nuevo tras el oscuro manto.
-”¿Accidente? ¿Desgracia?”- Aquella voz continuó reuniendo información.
-”Sólo si es estrictamente necesario”
-”Tenemos en nómina a reconocidos doctores…”
-”Como última opción”
-”¿Motivos de trabajo?”
-”En mi caso; muy recurrente”- Dijo con dejadez.
-”"Amigo” con problemas”- Esta vez fue un tono tajante e imperativo.
-”De acuerdo”
Sonó un agudo timbre.
El sonido de una puerta; que gemía por los años sin cuidados, dió paso a un hombre: Bajito, rechoncho, de tez blanca, moreno, con un abundante bigote y zapatos demasiado grandes.
-”Este es Javier, nuevo compañero de trabajo; tiene una crisis de ansiedad en un estado bastante avanzado debido a una riña contigo. Aquí tienes los justificantes médicos. Ahora,… sonreir”- Terminó la frase con un cegador flash. -”Las retocaré con el photoshop y te las mandaré.”
-”Gracias”
-”Ya no es necesario que vayas. Y recuerda, no has estado aquí.”
-”No. Gracias por todo. Ala Javier, vamos.”
Unos días después le llegaron las fotos y un par de justificantes a casa. Él no había dado su dirección…, entonces recordó todas las veces que su mujer no había pasado la noche en casa.
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Un habilidoso esquiador atravesaba, decidido y ligero, la falda de una de las escarpadas y empinadas montañas de la estación de esquí con mayor fama y renombre de la zona. Todos admiraban, desde el conocimiento de la jerga, su “slalom”, su “chus” y sus “paralelos”; que eran ejecutados con maestría de campeón y premura de un día de invierno.
Salpicó de nieve con su frenada a los anonadados espectadores que esperaban en la cola del remonte. Nuestro protagonista, tal vez embriagado por los aplausos y con excesivos aires de grandeza, pasó de la cola y se dispuso a acceder al remonte por una entrada lateral; de tiempo de espera mínimo. Allí se encontraba el empleado de la estación de turno.
-”Hola”- El esquiador lanzó uno de esos forzados y educados saludos al aire.
-”Perdone, este es un acceso restringido. Me temo que no puede pasar”
-”Perdón, ¿Cómo dice?”
-”Que esta es la entrada para personas discapacitadas.”
-”Yo soy discapacitado”
-”Ya…, ¿Cual se supone que es su discapacidad”- El encargado hizó hincapie en la burla de final de frase.
El esquiador, consternado, no quiso contestar.
-”¿Tiene la tarjeta que le acredita como discapacitado?”- Preguntaba con ese tonillo del que se sabe con razón.
-”No…”- Respondió con los brazos en jarra y gesto agraviado -”Pero le juro que la tengo, lo que pasa es que no la llevo encima”
-”Ya…, usted lo que tiene es un morro que se lo pisa”- El empleado abandonó las buenas maneras con un rudo tono de voz.
-”Es que no comprendo porque no puedo pasar”
-”Se lo repetiré”- El hombre cogía aire inquieto -”esta silla está habilitada única y exclusivamente para personas con alguna discapacidad, con el fin de que puedan disfrutar de las instalaciones en igualdad de condiciones que el resto de visitantes”
-”Ya…, ¿Pero no ve que no tengo piernas?”- Efectivamente, el hombre esquiaba sentado en un original artilugio; tras perder las dos piernas en un desafortunado accidente.
-”Pero no tiene la tarjeta…”
-”No…”
-”¡Pues a la cola como todo el mundo!”
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-”Que final tan sorprendente ¿eh?”- Un excesivamente engominado y casposo presentador de tertulias se jactaba del más que esperado desenlace.
Sonido de la televisión apagándose
“Mejor leeré un libro”:
El esquiador II, centro de equilibrio cambiante
“¡Bah!”
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Erase una vez un presuntuoso pero agradable principe, heredero de todo occidente, que se enamoró de una preciosa licuadora con función separa-las-pepitas-de-las-uvas. Como podrán suponer los avispados lectores, esta relación nunca fue aceptada por una familia real conservadora y aférrima a defender sus propiedades ante caraduras casamenteros. Pero el amor cegaba e ilusionaba al príncipe, que no encontraba mejor manera de disfrutar de su vida. Los problemas y los corrillos no tardaron en aparecer: Las malas lenguas hablaban de que el príncipe había conocido a, la que se presumia su futura esposa, en un canal de teletienda, y claro, los rumores de un posible romance con Chuck Norris se convirtieron en el opio del pueblo y en el veneno de la estabilidad de la nobleza.
“Las consecuencias de este enlace fueron más alla del mero “cotilleo” por parte de la plebe. Las posesiones del reino comenzaban a temblar y desmoronarse por falta de fondos. Ya apenas se destinaba dinero a la defensa de los puestos fronterizos, a los medios necesarios para forjar la paz, se suprimió la liga real de tenis… . Las arcas no parecían soportar esta nueva situación y el rey tuvo que recurrir a un aumento desmesurado de los impuestos, con el consiguiente descontento de sus súbditos. Por darle un dato, la contribución en ocasiones excedía de lo material y se han dado varios casos de personas que tuvieron que donar brazos o testículos por impago”
-”¿Y a que cree que se debió este incremento del gasto?”
-”Todo apunta que el dinero se destinó al pago de las baterias de la novia del principe”
Pero no todo el mundo estaba en contra de este extraño enlace. La nobleza recibió numerosas ayudas económicas de parte de los más grandes productores frutícolas. Estos grandes terratenientes amasarían las más grandes fortunas conocidas gracias a una heredera con funcion de valla publicitaria.
-“Esta inyección económica supuso un alivio para el reino y para la relación del principe, que comenzaba a normalizarse y a, más importante, ser aceptada”
El aumento del nivel de vida, la creación del denominado “estado del bienestar”; con la masificacion del consumo de bienes de consumo duraderos, unido a una fertilidad jamás vista en una princesa, hizo que la venta de “licuadoras herederas” se disparase, dando liquidez a la familia real para seguir expandiendo sus reinos más alla de los limites conocidos.
-“El problema vino cuando se descubrió que uno de los hijos de la princesa incorporaba nuevas funciones como tostar pan, abrir latas y ostras y calentar cosas a gran velocidad, entre otras. Lo que hizo sospechar del resto de los electrodomésticos de la casa real.”
-“Se convirtió en una caza de brujas. Fue un infierno”"- El electrodoméstico declaraba con la cara emborronada por miedo a represalias.
-“Yo opino que el problema fue la existencia de un sistema judicial arcaico e involucionista. Por aquellas épocas, la muerte era un castigo común. Y proporcional, a mi modo de ver, para el delito del que los electrodomésticos eran acusados. La guillotina era el modo de repartir justicia…”
-“¿Y donde residía el problema entonces?”
-“El problema deriva de la propia naturaleza de la pena: Decapitar, por definición, necesita de una cabeza. Como antes no se había dado ningun caso similar, las leyes no recogían la obligación del acusado de facilitar una cabeza para la ejecución”
Así, los electrodomésticos reales lograron zafarse de sus penas. No tardaron en aparecer en programas rosas desvelando los entresijos de la aristocracia.
Este hecho hizo mucho daño a la confianza de los ciudadanos hacia el rey, que veían como cualquiera podia beneficiarse a su futura reina y salir impune.
-“Aunque estaban muy contentos con sus nuevos artilugios “todo en uno”"
Evidentemente, la relación sentimental de los herederos volvió a resentirse tras estas infidelidades: Ya no era como antes, y chistes como: “De todos los que había has ido a enamorarte de la nevera”, haciendo referencia a lo fresca que era la princesa, no ayudaron en absoluto.
-”¿Por qué lo hiciste?”- El príncipe, con el corazón hecho pedazos, suplicaba una explicación.
No hubo respuesta por parte de la licuadora.
La princesa era una mujer de pocas palabras, solo hablaba cuando de verdad era necesario y le metían fruta.
-”No vas a contestar ¿verdad?”- El principe inquiria a su querida introduciendole unas fresas en el hueco de licuar.
Ruido estridente
-”Esa no es excusa, ¿En que he fallado?, ¿Que te da el sella raviolis que no te de yo?”- Lloraba desesperado mientras introducía un plátano.
Más ruidos arrítmicos y gargajosos .
-”…No,… no puedo creerlo…” – El heredero no daba crédito a la situación.
La licuadora abandonó la sala, seguramente para limpiar el compartimento que recogia las impurezas de las frutas.
-”Yo lo he dado todo por ti. ¡¿Por qué?! ,¡¿por qué?!”- Clamando al cielo.
Sin embargo, el día de la boda, todo el mundo rezumaba felicidad. Por algo era la boda más esperada de la historia reciente del reino.
-“Claro, ellos no podían esperar el fatal desenlace…”
La ceremonia se celebró en la mayor de las catedrales y con un “ansiando” secretismo. Fue al salir la pareja de la iglesia cuando todo el reino reventó de júbilo. Miles de personas esperaban el primer beso en público de sus futuros jefes de estado…, beso que nunca llegaría…
-”El arroz, típico divertimento de esta clase de fiestas, lanzado por el gentío a la puerta de la catedral, se coló por los agujeros del vestido de nuestra bella princesa, penetrando en su maquinaria y atascándola”.
El principe, paralizado por el miedo, golpeó repetidas veces a la licuadora, que yacía en el suelo… ya sin vida…
Se decretaron dos días de luto oficial y se levantaron numerosas estatuas en su memoria.
Al tercer día, el príncipe se acercó un momento al ikea y compró otra.
Porque el amor eterno, en el caso de los electrodomésticos, dura lo que tardas en no poder arreglar los problemas con un golpe seco.
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Una tarde más, ella sigue ahí sentada, abstraida de todo, en una silla que yo mismo le regalé en un cumpleaños, ¡y que ha durado doce años!. Vivimos en un pequeño y acogedor barrio al este de la ciudad. Cuando nos mudamos no había prácticamente nada: solo nuestro bloque, en el que vivía también una modesta familia, y un pequeño melocotonero al borde del pedregoso y polvoriento camino. Ahora, me asomo al balcón y veo a uno de los vecindarios más bonitos y agradables que deben existir: Un jardín engarzado en medio de la preciosa calle peatonal que atraviesa y conecta todos vecinos; con su media docena de bancos dispuestos en rombo. Tantas charlas que duraban horas… . Casi a cualquier hora del día hay niños jugando, llenando, si cabe aun más, de vida el barrio. Somos una gran y feliz familia levantada de la nada. Hemos hecho tantos sacrificios para conseguirlo…. La que más, sin lugar a dudas, ha sido mi novia, con la que vivo; cuantas veces la he visto sufrir y llorar por sacarnos a todos adelante, y nunca nadie se lo ha agradecido, ni se lo agradecera. Estaría tan orgullosa… . Ahora no le gusta salir a la calle: lo observa todo con sorpresa y recelo y en seguida se agota. Prefiere pasarse horas mirando a la impoluta pared. Nos conocimos hace quince años en un tranvía, la misma línea que pasa ahora por delante de nuestra casa. Fue el mejor momento de mi vida. Es una lástima que no sea también el suyo.
Cuando peor lo paso es cuando la miro a los ojos y ella no me reconoce. “¿Como te llamas?”, me pregunta vergonzosa, yo le respondo aguantándome las lágrimas. A veces me sonríe cuando me ve, exactamente igual que lo haría con alguien que se cruzaba en la calle. A veces, por la noche la oigo llorar, ya que la mayoría de ocasiones no se atreve a dormir con un desconocido, y siempre llora por la misma causa, por la misma angustia, una y otra vez…
Todos los días le enseño a peinarse, todos los días se hace un peinado distinto por primera vez; ¡ríe como una niña cuando lo consigue! Es tan agradable verla sonreir…
Yo quiero pensar que no deja nada atrás, que el tiempo no pasa para ella.
Despues de peinarse, se sienta en la silla a preguntarse otro día más las mismas nuevas preguntas, y mira con detenimiento y extrañeza el billete de tranvia en el que nos conocimos, … que no comprendo como aún lo guarda…
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Ella esperaba sentada en un pequeño y carcomido banco, en un parque al que, ni el paso del tiempo ni ahora el otoño, le habían dado tregua.
Su sonrisa destacaba la escena. Yo me acerqué nervioso, ilusionado.
-”¡Hola! Sientate. Vamos, cuentame que tal ha ido todo”
A mi me dio un vuelco el corazón, y el estómago se encogió apretándome el alma.
Y yo solo pude sonreír ante la ilusión de su mirada azul.
Había recorrido el mundo entero buscándola, sorteando todos los peligros imaginables, pensando y soñando con ella a cada momento del día y la noche.
Y me recibió como si nos hubiesemos visto la tarde anterior, con la naturalidad y entrega de antaño…Ni siquiera me preguntó como la había encontrado.
Entonces supe lo especial que era. Lo especial que había sido siempre.
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Me gustaría poder escribirte algo bello. Hermoso en si mismo y en nuestros recuerdos. Palabras que te lleven en volandas cerca del cielo, donde se dibuja la sonrisa y nace la dulce brisa que acaricia tus cabellos. Relatos que llenen de felicidad cada rincón de tu imaginación, que tu mirada, relajada y sincera, susurre en falso silencio el teñir de tu corazón. Mágicas historias de nada en especial dedicadas a personas extraodinarias, donde la razón se pierde disfrutando; desnudando el alma. Cuentos que guardas como propios y se convierten en vivencias. Versos que te pertenecen, que son sólo tuyos. Hacerte nacer cada vez que los lees, hacerte notar ese escalofrío abrazando tus entrañas. Un agradable amanecer de verano, un afectuoso amigo, la frescura de la hierba tras la lluvia. Que tu mente sea capaz de dibujar sentimientos con forma de letras, donde cada una brilla como si fuese una estrella.
Ojalá pudiese escribir algo que guardaras por siempre, cumplir tus sueños nunca soñados.
Con cariño para lo que más quiero, ahora que ya no puedes disfrutarlo…
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-”…Claro, yo me vi en peligro, me perseguían como locas. Reconozco que soy un poco paranoico, pero estoy convencido de que venían a por mi. Logré despistarlas durante un par de calles, pero cuando quise darme cuenta … ¡estaban ahí de nuevo! Debían de ser unas treinta o cuarenta solo las que me seguían directamente. Yo no comprendía como nadie hacia nada. Entonces, a lo lejos, veo un policia, y claro, lo primero que hice fue…”
-”A ver, menos chachara”- El carcelero llamaba la atención golpeando los barrotes del calabozo
Unos segundos de silencio.
“…fue ir corriendo hasta él, para que me ayudase. Y le digo, todo agobiado y casi sin aire: “Agente, agente, me persiguen unas pandilleras,¡ haga algo!” -”¿Una pandilleras?” – Me responde. “Sí, deben de ser de algún grupo o algo, llevan bandanas y visten ropa ancha”. En ese momento debo reconocer que dudé, más que nada por la cara que puso… y me contestó: “Son enfermas de cáncer, es una manifestación”. ¿Yo que sabía? ¿Cómo iba a saberlo, eh? Al final ellas lo oyeron, la cosa se complicó y por eso estoy aquí”
-”Bah, déjalo, tu ganas”
-”Uff”
-”Insuperable”
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-”Sí, es un fletán clavado a una placa, la cual tiene escrita la palabra “misántropo”. El mensaje que quiero transmitir con esta obra es la del odio de los animales hacia los seres humanos por siglos y siglos de brutalidad gratuita; simbolizado en el aleteo agónico del fletan muriendo por los clavos que le atraviesan varios órganos vitales.”- Un conocido artista moderno hablaba de los recovecos de una de sus controvertidas invenciones.
-”Pero…, no se mueve”- Uno de los periodistas invitados señalaba la obra del genial artista en un arriesgado ejercicio de oftalmología.
-”Vaya, otra vez, que poco aguante…”- El artista sacó otro fletán de dentro del atril y lo clavó con maestría.
Todos miraban con admiración como el martillo iba y venía, convirtiendo a un simple pez en una representación artística del más alto nivel. Cientos de onomatopeyas halagadoras llenaban, junto al ruido agónico del fletán, la sala. Antes de que muriese, la gente ya había roto en aplausos.
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El silencio siempre habia reinado en aquel lugar; un lugar donde la tranquilidad no merecía ser nombrada para no ser desvirtuada, un lugar donde todo transcurría con armonía, un lugar donde las serpientes no eran capaces de encontrar seres más debiles que ellas… Allí se colocaron dos humanos, al parecer de distinto sexo, y a su nuevo hogar lo llamaron “paraiso”, en el primer ejercicio de vanidad de la historia. Al principio fueron respetuosos, no por ser considerados, ni siquiera por empatía; sino por miedo. Pero aquello que les infundaba temor parecía haber sido creado para servirles, estaba allí simplemente para satisfacerles, y lo conseguia. El creador decidio llamarlo soberbia.
Su mayor ocupación consistía en comer y no hacer nada. Aquí se creo el termino exponencial, entre otros. Dios, como buen científico, metió en esa probeta llamada edén algunas variantes tales como manzanas, prohibiciones y desnudos integrales. El resultado fueron términos como lujuria, envidia o avaricia.
Observo con astucia Dios, infiriendo del comportamiento de sus retoños, que éstos tendian a destruirse con tales comportamientos y llegó a la conclusión de que debia equilibrar la ecuacion de algún modo. Lo llamó justicia. Ésta en un principio consistió en privar al “infractor” de sus privilegios, tratando de eliminar la pereza y la gula. Sin embargo, estos seres resultaron ser altamente costumbristas y adaptables, siendo esta una de las mayores ventajas de su ultima creación y desventajas de esta nueva solución. Trato de equilibrar el daño con su castigo, justo cuando se creo el dolor. Todo parecia ir sobre ruedas; esas desagradables punzadas parecian mantener a raya la armonia de la “evolucion”. Un dia, uno de los humanos agarró con fuerza una piedra y la lanzó con odio a aquella serpiente que tan habilmente le habia engañado tiempo atras. Aunque la piedra pasó muy lejos de su objetivo (la punteria no era una de las prioridades del creador) Dios castigó al tirador con severos dolores, nunca sentidos hasta ese momento. El humano no comprendía porque había sido castigado, no habia infligido ningún tipo de mal a aquella serpiente, y le pareció una injusticia tener que soportar la pena. El termino “justicia” debía ser revisado.
Pero algo mucho más grave estaba ocurriendo y, aunque Dios ya se lo venía oliendo, le pilló de sorpresa.
Adan y Eva discurrieron hasta descubrir que el mal causaba dolor y que no debian hacerlo si querian no tener que soportarlo, o hacerlo si querian imponerlo, tal y como les habia enseñado el todopoderoso.
Además, los humanos no tenian la capacidad de buscar castigos acordes con las infracciones, entrando en un círculo vicioso del que era dificil zafarse.
Entonces surgió el perdón.
Pero el perdón, dentro de toda su bondad, era un termino diametralmente opuesto al de justicia; desordenando de nuevo todas las variables y amenazando al, ya de por si precario, equilibrio.
Dios, viendo como su creacion se le escapaba de las manos y sin encontrar esa incógnita que iguala los valores, decidió hacerles dudar planteándoles un acertijo: La muerte. Les hizo ver que todo tenía un fin y que este era horrible; por un lado el infierno y por otro el paraíso; otro paraíso que destrozar. Así que los humanos decidieron ignorar esta última consideración
Desde aquel día el Edén es una cloaca.
Dios comprendió que no se le pueden poner puertas al campo.
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